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Salud

Celulares, televisión y pantallas atrofian el cerebro de niños

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Los niños pequeños quizá no deberían pasar demasiado tiempo frente a la televisión.

Estados Unidos.- Los niños pequeños que pasan mucho tiempo con la vista fija en tabletas, teléfonos inteligentes o la televisión podrían estar cambiando sus cerebros, y no a mejor.

Un nuevo estudio que usó escáneres del cerebro mostró que la materia blanca de los cerebros de los niños que pasaban horas frente a las pantallas no se desarrollaba con la misma rapidez que en los cerebros de los niños que no lo hacían, de acuerdo a un estudio publicado por Jama Pediatrics.

El lenguaje, otras habilidades de la alfabetización, y el proceso de control mental y la autorregulación se desarrollan en la materia blanca del cerebro, señalan los investigadores.

“Lo que pensamos que ocurre es que el desarrollo de esas habilidades en realidad depende de la calidad de la experiencia, por ejemplo la interacción con las personas, la interacción con el mundo y el juego”, explicó el investigador principal, el Dr. John Hutton, director del Centro de Descubrimientos en Lectura y Alfabetización del Hospital Pediátrico de Cincinnati.

Los primeros cinco años de vida son el periodo esencial en que esas conexiones cerebrales se desarrollan con rapidez, explicó Hutton.

“Algunos tipos de medios con pantalla podrían proveer una estimulación inferior a la óptima para reforzar la conexión de las fibras en el cerebro y las habilidades a las que dan respaldo, por ejemplo las habilidades tempranas de lenguaje y la alfabetización”, planteó.

Aunque hace décadas que la televisión existe, Hutton apuntó que la reciente explosión de dispositivos portátiles con pantallas ha aumentado en gran medida el tiempo que los niños pasan viéndolos.

La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) recomienda que los niños menores de 18 meses no se expongan a las pantallas en lo absoluto. Entre los 18 y los 24 meses, si los padres lo eligen, los medios digitales solo deben incluir programación de alta calidad que el niño y uno de sus padres vean juntos.

En cuanto a los niños de 2 a 5 años, el tiempo frente a las pantallas se debe limitar a 1 hora al día, y los padres deben ver los programas con el niño. Los padres también deben tener periodos en que las pantallas estén apagadas, y los dormitorios deberían estar libres de medios de comunicación.

En el estudio, Hutton y sus colaboradores realizaron IRM de los cerebros de 47 niños, de 3 a 5 años. Los niños también tomaron pruebas para evaluar sus habilidades cognitivas (de “pensamiento”).

Se pidió a los padres que completaran un cuestionario que identificaba su ScreenQ (algo así como “coeficiente de pantalla”), que informa sobre cuánto tiempo sus hijos pasan en frente a pantallas, y qué tan de cerca siguen las recomendaciones de la AAP.

Los investigadores encontraron que mientras más alta era la puntuación de ScreenQ, más baja era la capacidad de un niño de nombrar objetos con rapidez (una medida de la velocidad del procesamiento mental), y más bajas eran sus habilidades de alfabetización en desarrollo.

Además, unas puntuaciones más altas de ScreenQ se vincularon con un retraso en el desarrollo de la materia blanca, en específico el proceso que permite a los impulsos nerviosos moverse rápidamente a través del cerebro.

Resultado de imagen para niños con dispositivos electronicos

Hutton cree que el cerebro en desarrollo necesita la estimulación de las demás personas y del mundo real para llegar a su potencial.

“Los niños pequeños de verdad dependen de las relaciones con las personas, de interactuar con el mundo, de utilizar todos sus sentidos”, aseguró. “Mientras más puedan los padres evitar que los niños estén frente a pantallas en la niñez temprana y les permitan interactuar con las personas en el mundo, mejor”.

Es posible que el retraso en el desarrollo del cerebro provocado por las pantallas se pueda compensar más tarde, pero mientras más edad se tiene, más difícil es cambiar para el cerebro, añadió Hutton.

Reshma Naidoo, directora de neurociencias cognitivas en el Hospital Pediátrico Nicklaus, en Miami, dijo que ver pantallas es tanto pasivo como bidimensional, y que ninguna de estas dos cosas es buena para los cerebros en desarrollo.

“Desde mi perspectiva, los mayores problemas que observamos tienen que ver con que los niños se implican mucho menos socialmente”, advirtió. “Comenzamos a ver a muchos más niños que tienen unos patrones sociales muy disfuncionales, y que responden más a los medios de comunicación”.

Naidoo planteó que los padres deben dar el ejemplo a sus hijos. “Debemos cambiar el enfoque e implicarnos con nuestros hijos”, añadió.

Los padres que permiten a sus hijos ver pantallas deben usar el tiempo para interactuar con su hijo en lugar de hacer que el uso de pantallas sea pasivo, aconsejó.

“Pero recomiendo firmemente limitar la cantidad de tiempo que pasa frente a esos ambientes”, dijo Naidoo.

El informe aparece en la edición en línea del 4 de noviembre de la revista JAMA Pediatrics.

Con información de DEBATE.

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