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Salud

Siestas ocasionales son buenas para el corazón

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¿Hacer la siesta una o dos veces por semana podría ayudarlo a vivir más tiempo?

Estados Unidos.- Un estudio reciente informa que hacer la siesta de vez en cuando parece reducir a la mitad el riesgo de ataque cardiaco, accidente cerebrovascular (ACV) y enfermedad cardiaca de las personas, en comparación con las que nunca hacen la siesta.

Pero unas siestas más frecuentes no ofrecieron ningún beneficio, encontraron los investigadores.

“De hecho, encontramos que los que hacían frecuentemente la siesta tenían al principio un riesgo más alto de enfermedad cardiovascular incidente”, señaló la autora principal, Nadine Hausler, investigadora postdoctoral en el Hospital de la Universidad de Lausana, en Suiza. “Pero cuando tomamos en cuenta los factores de riesgo sociodemográficos, de estilo de vida y cardiovasculares, ese aumento en el riesgo desapareció”.

Los hallazgos provocaron cierta sorpresa entre los expertos.

“No creo que sea nada definitivo, en términos de si las siestas en realidad ayudan o no”, dijo Marie-Pierre St-Onge, directora del programa de sueño del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York.

Anotó que los beneficios de salud de hacer la siesta son tema de un intenso debate entre los investigadores, y muchos sostienen que las siestas son una señal de que se duerme mal de noche y que, por tanto, no son buenas.

“Esto produce algo de sorpresa, porque encontraron que una o dos siestas por semana podrían ser beneficiosas”, dijo St-Onge.

En el estudio, los investigadores observaron los patrones de siesta de casi 3,500 personas seleccionadas al azar en Suiza, y monitorizaron su salud cardiaca durante más de cinco años.

Más o menos tres de cada cinco dijeron que no hacen la siesta. Una de cada cinco dijo que hace la siesta una o dos veces por semana, el mismo número que reportó que hacía la siesta tres o más días por semana.

Los que hacían la siesta con frecuencia tendían a ser hombres mayores con exceso de peso y un hábito de tabaco. Aunque reportaron que dormían más durante la noche que los que no hacían la siesta, también reportaron más somnolencia diurna y fue más probable que tuvieran apnea del sueño, una afección que despierta a una persona repetidas veces en la noche cuando su respiración para.

Dormir la siesta mejora la salud.

Hacer la siesta una o dos veces por semana redujo el riesgo de ataque cardiaco, ACV e insuficiencia cardiaca de una persona en un 48 por ciento, en comparación con las personas que nunca hacían la siesta, encontraron los investigadores.

Las siestas frecuentes parecieron aumentar inicialmente el riesgo cardiaco de una persona en un 67 por ciento, pero eso desapareció tras tomar en cuenta otros factores de riesgo, anotaron los autores del estudio.

La Dr. Martha Gulati, una cardióloga que es editora jefa de CardioSmart.org, el sitio web para los pacientes del Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology), comentó que tiene sentido que las siestas frecuentes pudieran ser una señal de advertencia de los problemas cardiacos.

“Me preocupa que una persona que haga la siesta todos los días quizá no esté durmiendo bien”, señaló. “Si alguien está haciendo seis o siete siestas por semana, le pregunto si duerme bien de noche. Si lo hacen para recuperar el sueño”.

Seguiré disfrutando de mis siestas de domingo, y ahora, cuando mi esposo me pregunta, le digo que estoy trabajando para reducir mi riesgo de enfermedad cardiaca

Hausler, la investigadora, no pudo decir de forma precisa por qué un par de siestas a la semana podrían ser buenas.

“Los mecanismos no son simples”, señaló. “Suponemos que las siestas ocasionales podrían ser resultado de una compensación fisiológica que permite reducir el estrés debido a un sueño nocturno insuficiente, y que por tanto podrían tener un efecto beneficioso en los eventos de enfermedad cardiovascular”.

Aunque dijo que los resultados deberían ser confirmados primero por otros estudios, Hausler añadió que “podemos decir que una siesta ocasional tiene el potencial de reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular de los adultos sanos”.

El estudio aparece en la edición en línea del 9 de septiembre de la revista Heart.

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