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EL MOLCAJETE

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¡Amárrenlos porque se van a llevar hasta las piedras del palacio!… pues resulta que andan duro los mitotes de que hay algunos regidores y funcionarios de la administración municipal de Guaymas a quienes les han crecido las uñas… ¡y ya no los aguantan!

 

Pues según los comentarios de mi comadre Chana, una de las que anda envuelta en escándalos es Juana, sí Juanita Montes, presidenta de la Comisión de Salud en el Ayuntamiento y su fiel escudero, el secretario de esa misma comisión, el regidor Juan Antonio Pintor… tan modosito que se ve.

 

Resulta y resalta que el profe guerrillero José Luis Portillo sacó desde su ronco pecho un secreto a voces que anda circulando, sobre un ofrecimiento de un millón de pesos que hizo un empresario para que su solicitud de anuencia para bebidas alcohólicas para cinco establecimientos pasara.

 

¿Y qué cree?… pues que Juana y Juan propusieron la aprobación del dictamen en  Comisión de Salud para otorgar las anuencias y después pasaran a Cabildo para su aceptación.

 

De los cinco integrantes de la mencionada Comisión de Salud, el profe ‘Porgrillo’, digo Portillo, se opuso, Sergio Carlos García, se abstuvo al igual que el regidor ‘prillista’, diría mi comadre Petrita y los únicos que aprobaban el otorgamiento de los permisos, aun sin cumplir los requisitos por parte del solicitantes, pues fueron nada más y nada menos Juanita y Juanito.

 

Pero la cosa no para ahí, al ver que no pasaba el dictamen, la presidenta y el secretario de la comisión cantaron empate… sí, vaya que el dinero hace que hasta se te olvide contar.

 

Es decir que a toda costa querían que se aprobaran los permisos para la venta de alcohol… ¿sería por el secretito a voces que anda circulando?, ese de que hubo un ofrecimiento de un millón de pesos… ¡aaaa bárbaros!… y tanto que que critican la corrupción.

 

Y al que de plano se dice que ya no aguantan es al coordinador de jueces calificadores, Antonio de Marco Pérez, que pobre de aquel que caiga en sus filosas garras, porque lo hace pedazos.

 

Resulta que el bandidaje está a todo lo que da y se fijan sanciones abusivas, lángaras, nomás porque se le hincha el ombligo, aunque escupe culpas, embarrando a funcionarias de más alto nivel que él… y ni modo que diga que no es cierto.

 

Sanciones que por reglamento están estipuladas en 2 mil 500 pesos, las cobra en 10 mil 600… y luego se escuda en que se lo ordenaros. ¡Ese Toñito de Marco salió más largo de la cuaresma!

 

Así que ‘aguas’ que los lángaros andan sueltos, pero hay que ponerles una zancadilla para que se caigan, pues la corrupción es precisamente de lo que los guaymenses están cansados, eso es lo que no se quiere.

Grupo Padilla Hnos.