Escucha FM105

Visita nuestras redes

Curiosidades

Por qué una sonrisa no se interpreta igual en Argentina que en Tanzania

Publicado

el

El psicólogo Carlos Crivelli descubrió algo sorprendente mientras realizaba una investigación sobre las emociones y las expresiones faciales en Papúa Nueva Guinea en 2015.

Mostró fotografías de expresiones faciales de miedo usuales en Occidente a los habitantes de las islas Trobriand pidiéndoles que identificaran lo que veían. Ellos no vieron rostros de temor. En lugar de ello, vieron señales de amenaza y agresión.

En otras palabras, lo que consideramos como expresiones universales de temor no lo son en absoluto. Pero si esos aborígenes tienen una interpretación distinta de las expresiones faciales, ¿qué significa esto?

Una teoría emergente, que cada vez gana más respaldo, señala que las expresiones faciales no reflejan nuestros sentimientos. En lugar de lecturas confiables de nuestros estados emocionales, muestran nuestras intenciones y objetivos sociales.

El rostro funciona “como un letrero en la carretera que afecta al tráfico que pasa ante él”, señala Alan Fridlund, un profesor de psicología de la Universidad de California Santa Barbara, quien realizó un estudio reciente con Crivelli, que trabaja en la Universidad De Montfort, en el que abogan por una visión más utilitaria de las expresiones faciales.

“A través de nuestros rostros dirigimos la trayectoria de la interacción social”, apunta.

Eso no quiere decir que nosotros intentamos activamente manipular a otros con nuestras expresiones (aunque de vez en cuando podríamos hacerlo). Nuestras sonrisas y ceños fruncidos pueden ser instintivos.

Pero nuestras expresiones son menos un espejo de lo que ocurre en nuestro interior que una señal que estamos enviando sobre lo que queremos que ocurra. Tu mejor cara de disgusto, por ejemplo, podría mostrar que no estás contento con la forma como una conversación transcurre y que tú quieres que tome por un camino distinto.

“Esa es la única razón que explica que las expresiones faciales han evolucionado”, dice Bridget Waller, profesora de psicología evolutiva en la Universidad de Portsmouth.

Según ella, los rostros siempre “están ofreciendo algún tipo de información importante y útil tanto al emisor…y al receptor”.

Aunque puede parecer razonable, esta teoría existe desde hace tiempo.

Una idea antigua

La idea de que las emociones son fundamentales, instintivas y están expresadas en nuestros rostros está profundamente arraigada en la cultura occidental. Los antiguos griegos colocaban las “pasiones” en oposición a la razón.

En el siglo XVII, el filósofo René Descartes delineó la existencia de seis pasiones básicas que podrían interferir con el pensamiento racional. Entonces, el artista Charles Le Brun las conectó al rostro, estableciendo “la configuración facial anatómicamente correcta y adecuadamente matizada para cada pasión cartesiana”, escribieron Crivelli y Fridlund.

En las décadas de 1960 y 1970, la investigación científica también comenzó a respaldar la idea de que unas cuantas emociones básicas podían ser comunicadas universalmente a través de las expresiones faciales.

En distintos países alrededor del mundo, el investigador Paul Ekman pidió a varios sujetos que emparejaran imágenes de expresiones faciales con distintas emociones. Sus estudios parecen indicar que algunas expresiones, y sus sentimientos correspondientes eran reconocidos por personas de todas las culturas. Esas “emociones básicas” eran alegría, sorpresa, miedo, repulsión, tristeza y rabia.

Hoy, el legado de las teorías de Ekman está en todas partes: desde los afiches de “sentimientos” que se ven en preescolares con sus dibujos de sonrisas y ceños fruncidos, a los programas diseñados por el gobierno de Estados Unidos para intentar identificar a potenciales terroristas.

Pero ese punto de vista siempre ha tenido críticos. Margaret Mead, quien creía que nuestras expresiones son comportamientos aprendidos, se encontraba entre ellos. También Fridlund, quien a inicios de su carrera colaboró en dos artículos académicos con Ekman, antes de desilusionarse de sus ideas.

Cara a cara

Investigaciones recientes ponen en duda los dos pilares principales de la teoría de las emociones básicas.

Primero, está la idea de que algunas emociones son reconocidas y compartidas universalmente. Segundo, está la creencia de que las expresiones faciales son un reflejo confiable de esas emociones.

“Esos son dos puntos diferentes que realmente han sido confundidos por los académicos”, dice Maria Gendron, una investigadora en psicología en la Universidad de Northeastern que pronto se unirá a la plantilla académica de la Universidad de Yale.

Esas nuevas investigaciones incluyen trabajos recientes de Crivelli, quien ha pasado meses con los habitantes de las islas Trobriand de Papúa Nueva Guinea, así como con los Mwani de Mozambique. Con ambos grupos aborígenes él halló que los participantes en el estudio no interpretan las emociones faciales de la misma manera como lo hacen los occidentales.

No solo eran las expresiones de temor. Al ver una “cara feliz” solo una pequeña parte de los habitantes de las islas Trobriand dijeron que era un rostro feliz. En torno a la mitad de las personas a quienes se les pidió describir la imagen con sus propias palabras dijeron que estaba “riendo”: una palabra que tiene que ver con una acción, no con un sentimiento.

Con información del Diario NY

 

 

Continuar leyendo
Clic para comentar

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Grupo Padilla Hnos.