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Ciencia/Tecnología

Podría haber vida en la atmósfera de Venus

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En su incansable labor por encontrar vida fuera de la Tierra, los científicos se han fijado, hasta ahora, en todo tipo de cuerpos rocosos. Marte, por ejemplo, posee unas características geológicas que sugieren que una vez tuvo, y aún tiene, agua líquida bajo su polvorienta superficie, uno de los requisitos más aceptados para que la vida sea posible.

Los investigadores se han fijado también en varias lunas de Saturno (como Titan y Encelado) y de Júpiter (como Europa, Ganímedes o Calixto), como posibles receptáculos para la vida, que podría haberse desarrollado en sus océanos subterráneos bajo gruesas capas de hielo.

Y ahora, sin embargo, los científicos han decidido desempolvar una vieja idea que que consiste en buscar vida extraterrestre en un escenario completamente distinto: las nubes de Venus.

En un estudio recién publicado en Astrobiology, en efecto, un equipo internacional de investigadores liderado por Sanjay Limaye, del Centro de Ciencias Espaciales de la Universidad de Wisconsin-Madison, presenta lo que denomina un “nicho ecológico” capaz de permitir la existencia de organismos vivientes en la densa capa de nubes que rodea Venus.

“Venus ha tenido mucho tiempo para evolucionar por sí mismo”, explica Limaye, quien señala que el planeta tuvo en el pasado un clima habitable, con agua líquida en su superficie durante dos mil millones de años. “Y eso es mucho más tiempo del que creemos que ha tenido Marte”.

Aquí, en la Tierra, numerosos microorganismos, en su mayor parte bacterias, son capaces de “saltar” a la atmósfera, donde han sido encontrados vivos y en perfectas condiciones a altitudes superiores a los 41 km. En nuestro planeta también se ha descubierto un extenso catálogo de organismos capaces de vivir en los ambientes más hostiles, entre ellos las fuentes termales del parque de Yellowstone, las fuentes hidrotermales de las profundidades oceánicas, el lodo tóxico de las áreas más contaminadas o en los lagos ácidos de todo el mundo.

“En la Tierra -afirma Rakesh Mogul, profesor de química biológica en la Universidad Politécnica del Estado de California y coautor del estudio- sabemos que la vida puede prosperar en ambientes muy ácidos, alimentándose de dióxido de carbono y produciendo ácido sulfúrico”. Que son precisamente los materiales que más abundan en la turbia, gruesa, ácida y reflectante atmósfera de Venus, compuesta en su mayor parte por dióxido de carbono y gotas de agua con un alto contenido de ácido sulfúrico.

Una idea con historia

La cuestión de la posible habitabilidad de la atmósfera de Venus surgió por primera vez en 1967, de la mano del biofísico Harold Morowitz y del famoso astrónomo Carl Sagan. Varias décadas después, los científicos planetarios David Grinspoon y Mark Bullock, entre otros, ampliaron la idea.

Una serie de sondas a Venus lanzadas entre 1962 y 1978 reforzaron la teoría de que la atmósfera venusina podría ser un “nicho plausible” para la vida. Esas naves, en efecto, mostraron que las condiciones de temperatura y presión en las zonas baja y media de su atmósfera (a altitudes comprendidas entre los 40 y los 60 km) no impedirían la existencia de formas de vida microbiana. Las condiciones de la superficie del planeta, sin embargo, con temperaturas ardientes de más de 450 grados, resultan incompatibles con cualquier forma de vida conocida.

Limaye, que participa en representación de la NASA en la misión japonesa Akatsuki a Venus, se obsesionó con la posibilidad de explorar la atmósfera del planeta tras una reunión casual con el también coautor del estudio Grzegorz Slowik, de la Universidad de Zielona Góra de Polonia.

Durante la conversación, Slowik le hizo tomar conciencia de que ciertas bacterias de la Tierra tienen propiedades para absorber la luz que resultan muy similares a las de una serie de partículas no identificadas que forman inexplicables manchas oscuras en las nubes de Venus. Las observaciones espectroscópicas, particularmente en el ultravioleta, muestran que esos parches oscuros están compuestos de ácido sulfúrico concentrado y otras partículas desconocidas capaces de absorber luz.

Esas manchas oscuras han constituido un misterio desde que fueron observadas por primera vez por telescopios terrestres hace ya casi un siglo y analizadas más tarde por varias de las sondas enviadas al planeta vecino.

“Venus muestra una serie de parches episódicos oscuros, ricos en ácido sulfúrico, con contrastes de hasta el 30-40 por ciento en el ultravioleta y silenciados en longitudes de onda más largas -afirma Limaye-. Estos parches persisten durante días, cambian contínuamente de forma y contraste y parecen depender de la escala”.

Las partículas que forman esas manchas oscuras tienen prácticamente el mismo tamaño que algunas bacterias de la Tierra, aunque los instrumentos que han muestreado la atmósfera de Venus hasta la fecha han sido incapaces de distinguir si esos materiales son de naturaleza orgánica o inorgánica.

Según Limaye y Mogul, las manchas podrían ser algo parecido a las proliferaciones de algas que ocurren rutinariamente en los lagos y océanos de nuestro mundo, solo que éstos tendrían que mantenerse y sobrevivir en la atmósfera de Venus.

Limaye, que ha dedicado toda su carrera a estudiar atmósferas planetarias, se motivó aún más con la idea de una posible forma de vida en Venus tras visitar Tso Kar, un lago salado de gran altitud en el norte de la India, donde observó cómo los residuos polvorientos de bacterias fijadoras de azufre concentradas en la hierba en descomposición de las orillas del lago eran capaces de flotar en la atmósfera.

El científico, sin embargo, señala que existe una parte desconocida de la ecuación: no se sabe cuándo el agua líquida de Venus se evaporó exactamente. Y es más que probable que los extensos flujos de lava de los últimos mil millones de años hayan destruido o cubierto para siempre la historia terrestre del planeta.

Un planeador en Venus

Para Limaye, una buena posibilidad para tomar muestras directamente de las nubes de Venus está en un proyecto que ya se encuentra sobre la mesa: VAMP (Venus Atmospheric Maneuverable Platform, o Plataforma Manioblabe en la Atmósfera de Venus), una nave que vuela como un avión pero flota como un dirigible y que podría permanecer volando entre las nubes del planeta hasta un año entero, recopilando valiosos datos y muestras.

La nave debería equiparse con sensores meteorológicos y químicos, espectrómetros e incluso un microscopio capaz de identificar la presencia de organismos vivos. “Para salir de dudas -afirma Mogul- tenemos que ir allí y tomar muestras de las nubes. Venus podría constituir un nuevo y emocionante capítulo en la exploración de la Astrobiología”.

Los investigadores tienen la esperanza de que esa nave se incluya en la próxima misión rusa a Venus, Venera D, en la que la NASA está ahora estudiando su participación y que está programada para finales de la década de 2020. Los planes finales para Venera D podrían incluir un orbitador, un módulo de aterrizaje y una estación de superficie, así como una plataforma aérea maniobrable.

 

 

Información de : Entorno Informativo 

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