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Ciencia/Tecnología

Después de la muerte, las partes que forman el organismo siguen vivas

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Durante toda la vida, el organismo se esfuerza en mantener una condición que se conoce como homeostasis. Es una especie de equilibrio que depende de que las células reciban suficiente oxígeno y nutrientes, que se limpien los residuos, que la temperatura sea adecuada o que haya aporte de agua. Pero cuando se producen fallos y el organismo no puede evitar que se pierda esta homeostasis, llega la muerte. En el ser humano, a nivel médico y legal se considera que la muerte ocurre cuando hay un paro cardiaco o un fallo cerebral que acaba con la conciencia. Pero el asunto es más complicado que esto. Después de esta muerte «oficial», las células del organismo sobreviven durante horas y días y luchan frenéticamente por recuperar su homeostasis. Gracias a esto es posible trasplantar órganos vivos de personas fallecidas.

David Gems, investigador en el University College de Londres (UCL), quiere entender qué es exactamente la muerte al nivel del organismo. Lleva años estudiando el proceso en un pequeño y sencillo gusano, Caenorhabditis elegans, con la finalidad de aprender en sus células cosas que sean útiles para entender la muerte en el humano. Lo más interesante es que la muerte es resultado del envejecimiento, que es un proceso programado en parte en los genes; por eso, es posible investigar y diseñar herramientas para ralentizar la muerte o al menos curar enfermedades relacionadas con el envejecimiento.

En un reciente estudio, Gems describió cómo el rigor mortis se extendía por este gusano antes de su muerte. A diferencia del humano, donde es el infarto o la muerte cerebral la que hace que la muerte sea irreversible, en este animal el punto clave está en el «golpe de la tripa», un desprendimiento de la faringe en su intestino que arranca una cascada imparable de muerte en sus células, a través de una cascada de reacciones de necrosis (muerte celular). (Puedes ver este proceso aquí). Esto lleva a que las células musculares se pongan rígidas, tal como ocurre en humanos después de la muerte.

 

Información de: ABC Ciencia

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